La automoción europea reclama a la UE un cambio de rumbo en su estrategia de movilidad verde
- 29 de septiembre de 2025
Los fabricantes y proveedores europeos de automoción, agrupados en ACEA y CLEPA, han enviado una carta a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, advirtiendo de que la estrategia actual de transición verde es inviable en el contexto industrial y geopolítico actual. Reclaman incentivos más ambiciosos, neutralidad tecnológica y una revisión urgente de los objetivos de CO₂ para 2030 y 2035, antes de que la automoción europea pierda competitividad, empleo y capacidad de innovación.
A dos semanas del Strategic Dialogue on the Future of the European Automotive Industry convocado por Bruselas, las principales asociaciones del sector —ACEA, que agrupa a los fabricantes, y CLEPA, que representa a los proveedores— hicieron pública una carta dirigida a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. El mensaje es directo: Europa necesita recalibrar con urgencia su política de transición hacia la movilidad sostenible o corre el riesgo de quedar rezagada frente a competidores globales.
Una industria comprometida, pero condicionada
En la carta, firmada por Ola Källenius (Mercedes-Benz, ACEA) y Matthias Zink (Schaeffler, CLEPA), los líderes del sector recuerdan que la automoción europea ha invertido ya más de 250.000 millones de euros en electrificación y que ha lanzado cientos de nuevos modelos de vehículos eléctricos. Se trata, destacan, del mayor esfuerzo de transformación industrial de la historia reciente del continente.
Sin embargo, advierten que la transición se está llevando a cabo “con las manos atadas a la espalda”. Europa mantiene una dependencia casi total de Asia en la cadena de valor de las baterías, carece de infraestructuras de recarga suficientes y afronta unos costes de producción superiores a los de sus competidores, especialmente en lo relativo al precio de la electricidad. A esto se añaden aranceles como el 15% que grava la exportación de vehículos europeos a Estados Unidos.

El desfase entre objetivos y realidad
El resultado es que las cuotas de mercado de vehículos eléctricos están aún muy lejos de lo necesario: apenas un 15% en turismos, un 9% en furgonetas y un 3,5% en camiones. “Algunos mercados europeos avanzan más rápido, pero una gran parte de los consumidores sigue recelosa a la hora de cambiar de tecnología”, reconocen ACEA y CLEPA.
Por ello, reclaman que los objetivos de reducción de CO₂ para 2030 y 2035 en coches y furgonetas sean revisados, ya que, en el contexto actual, “no son factibles”. El planteamiento debe ser más pragmático, capaz de equilibrar la sostenibilidad con la competitividad industrial y la cohesión social.
Incentivos a la demanda y neutralidad tecnológica
La carta insiste en que el cambio de paradigma no puede depender únicamente de las obligaciones impuestas a los fabricantes. Son necesarios incentivos estables y ambiciosos que impulsen la demanda: reducción del coste de la energía para recargar, subvenciones directas a la compra, rebajas fiscales y acceso preferente a espacios urbanos.
Además, defienden que la transición debe ser tecnológica y no ideológica. Los vehículos eléctricos a batería liderarán el cambio, pero también deben tener cabida híbridos enchufables, motores de combustión muy eficientes, hidrógeno y combustibles renovables. Limitar artificialmente estas opciones supondría dejar atrás a consumidores y mercados que aún no están listos para el salto 100% eléctrico.
Más allá del tubo de escape
Otro de los mensajes clave es que la descarbonización no puede reducirse a los vehículos de nueva matriculación. La renovación del parque circulante, los incentivos a las flotas de empresa, y medidas específicas para camiones y autobuses resultan imprescindibles. ACEA y CLEPA también proponen reconocer en la regulación los avances logrados en procesos de fabricación más sostenibles, así como fomentar tecnologías de captura y almacenamiento de carbono.
Resiliencia industrial y empleo de calidad
La industria alerta de que, sin un marco político adecuado, Europa corre el riesgo de vaciar su base industrial. Esto implicaría no solo la pérdida de capacidades tecnológicas y productivas, sino también un golpe al empleo de calidad que caracteriza al sector. En este sentido, subrayan la necesidad de invertir en toda la cadena de valor —desde baterías hasta semiconductores y materias primas críticas— y de establecer alianzas estratégicas con socios fiables a nivel global.
La “última oportunidad”
Los firmantes calificaron el Strategic Dialogue del 12 de septiembre como la “última oportunidad” para ajustar la política europea a la realidad de mercado, industrial y geopolítica. “Si falla una sola de las tres dimensiones —descarbonización, competitividad o resiliencia—, la transición se derrumba”, advirtieron.
El mensaje final es inequívoco: la automoción europea comparte el mismo destino climático que la UE, pero el camino hacia ese objetivo exige flexibilidad, realismo y un marco regulatorio que acompañe de verdad a la industria y a los ciudadanos.
La UE responde con tono conciliador pero cauteloso
Hasta el momento, la Comisión Europea no ha dado pasos que supongan un cambio de rumbo capaz de satisfacer plenamente las demandas de fabricantes y proveedores. Sí ha mostrado, no obstante, una mayor disposición al diálogo: en el marco del tercer Diálogo Estratégico celebrado en Bruselas, los representantes de la industria valoraron positivamente que exista un consenso básico en torno a la necesidad de “trabajar juntos para que la transformación tenga éxito”, según subrayó CLEPA
Fuente de datos: Third Strategic Dialogue on automotive convened: bold and fast action required



